cambios psicológicos que nos pueden provocar en los seres humanos las diferentes estaciones. De esta manera si el verano es símbolo de vacaciones, playa, calor y alegría; el invierno nos muestra todo lo contrario. Y es que, a menos de un mes para que llegue la primavera, a mi ya me huele a ella.La primavera, esa que dicen que la sangre altera, esa en la que todo renace (aunque con el cambio climática ya cualquiera sabe), esa a la que los alergicos y astemios temen y otros esperan ansiosamente, se ha convertido en la estación más preferida y detestada por mucha gente.
Es la etapa de cambios, las tristezas se curan con ilusiones nuevas, crecen las ganas de salir a la calle, el deseo de enamorarse aumenta, los abrigos se cuelgan, el sol nos acompaña más tiempo y las noches huelen de una manera especial.
En fin, soy una enamorada de esta estación, y con cada llegada del otoño y volviendo a Jarabe de Palo, en la acera me siento a esperar la primavera.
