De esta manera, los sentimientos más extremos serían los que dejarían en nuestro rostro o, incluso me atrevo a decir, en nuestra forma de mirar las marcas más profundas. Hablando de sentimientos extremos, uno de sus mayores exponentes sería el amor, y con él, su máxima expresión es el hecho de enamorarse.
Sabemos que enamorarse tiene dos vertientes. La primera de ellas sería la cara amarga, ver lo duro
que resulta enamorarse de alguien que no siente ese mismo sentimiento hacia ti, hace que la tristeza invada por momentos nuestra mente. Por el lado contrario, está su cara más dulce y ocurre cuando ese sentimiento es compartido, amar a otra persona y a su vez ser amado por ella, cuando esto ocurre dicen que se nota, que la sonrisa se vuelve más bonita, el aspecto físico de la persona mejora así como su carácter. Incluso llegan a decirte que andas con el "guapo subido" sólo por el hecho de mirarte a la cara.Si todo esto es verdad, no dejo de preguntarme ¿hasta qué punto nuestra cara es el reflejo del alma?

1 comentario:
Que razón tienes, he experimentado las dos vertientes del amor y he de reconocer que esa sonrisa se notaba, y esa cara de pocos amigos desgraciadamente también acaba expresandose en el propio rostro.
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